martes, 1 de septiembre de 2009

Qué es Profecia (II Parte)

Sobre la Profecía (Continuación)
Explicación de la Imagen: San Vicente Ferrer, predicando, en la parete superior Cristo Justo Rey con sus angeles, La gente llmaba a esre santo en su epoca "El ángel del Apocalipsis, ya que siempre predicaba sobre el juicio final, tambien profetizó hechos futuros del mundo y la Iglesia.

Receptores de la Profecía

El don de la profecía es una gracia extraordinaria otorgada por Dios. Jamás ha sido limitada a un tipo particular de personas, familias, o tribus. No existe una facultad particular en la naturaleza humana por la que cualquier persona normal o anormal pueda profetizar y tampoco se requiere una preparación anticipada especial para recibir este don. Cornely comenta así: “los autores modernos hablan con inexactitud de las ‘escuelas de profetas’, una expresión que no se encuentra en las Escrituras de los Padres” (Comp. Introduct. en N. T., n. 463). Tampoco existe ningún rito externo por el que fuese iniciado el oficio de profeta; su ejercicio fue siempre extraordinario y dependiente de llamado inmediato de Dios. La luz profética, de acuerdo a S. Tomás, no es una forma de hábitat permanente en el alma del profeta, sino en la forma de una pasión o impresión pasajera (Summa II-II: 171:2). De esta forma los antiguos profetas solicitaban esta luz Divina con sus oraciones (1 Reyes, vii, 6; Jer. , xxii. 16; xxiii, 2 sq. ; xlii, 4 sq.), y estaban expuestos a errar si daban una respuesta antes de invocar a Dios (II Reyes, vii, 2, 3).

Escribiendo acerca de los receptores de profecías, Benedicto XIV (Virtud Heroica, III, 144, 150) dice: “Los receptores de profecías pueden ser ángeles, demonios, hombres, mujeres, niños, paganos o gentiles; tampoco es necesario que a un hombre se le otorgue el don de una disposición particular para recibir la luz profética si su juicio e inteligencia están adaptados para hacer manifiestas las cosas que Dios le revela. Aún cuando los méritos morales son muy útiles para un profeta, no es necesaria para obtener el don de la profecía”. También nos comenta que a causa de su propia penetración natural, los ángeles no pueden conocer eventos futuros que sean casuales e inciertos así como tampoco pueden conocer los secretos del corazón ajenos, sea hombre o ángel. Por lo tanto, cuando Dios escoge un ángel como medio para por el que hará conocer el futuro al hombre, también el ángel se convierte en profeta. Respecto al Diablo, el mismo autor nos dice que él no puede con su conocimiento natural predecir eventos futuros que sean los objetos mismos de profecía, aún y cuando Dios puede usarlo con este propósito. Así leemos en el Evangelio de Lucas que cuando el Diablo vio a Jesús, cayó ante Él y gritando con gran voz dijo: "¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo?" (Lucas, viii, 28). En las Sagradas Escritura existen ejemplos de mujeres y niños profetizando. María, a la hermana de Moisés se la llama profetiza; Ana la madre de Samuel profetizó; Isabel, madre de Juan el Bautista por Divina revelación reconoció y declaró a María como la madre de Dios. Samuel y Daniel profetizaron cuando jóvenes. Un gentil, Balaán predijo la venida del Mesías así como la devastación de Asiria y Palestina. Para probar que los paganos eran capaces de profecía, Santo Tomás refiere al caso de las Sibilas quienes hicieron clara mención de los misterios de la Trinidad, del Verbo Encarnado, de la Vida, Pasión y Resurrección de Cristo. Es cierto que los poemas Sibilinos existentes fueron interpolados en el transcurso del tiempo, pero, como comenta Benedicto XIV esto no es gran impedimento para no considerarlos genuinos y en modo alguno apócrifos, especialmente a la idea a que hacían referencia los primeros Padres.

Por las Escrituras y las actas de canonización de los santos de todas las épocas es claro que el don de la profecía individual existe dentro de la Iglesia. A la pregunta de que credibilidad debe dársele a estas profecías, contesta el cardenal Cajetan, como lo menciona Benedicto XIV: “Las obras del hombre son de dos tipos, una sobre los deberes públicos y especialmente los asuntos eclesiásticos tales como la celebración de la Misa, pronunciarse sobre decisiones judiciales y similares; con respecto a éstas la pregunta esta resuelta en la ley canónica, donde se establece que no debe dársele credibilidad a aquel que afirma que ha recibido en privado una misión de Dios, a menos que lo confirme con un milagro o testimonio especial de las Sagradas Escrituras. El otro tipo de acciones humanas es la individual, y en éstas distingue las obras de personas que tienen como guía un profeta que las forma de acuerdo a las leyes universales de la Iglesia, y las de aquellos en que el profeta las guía sin base en esas leyes. En el primer caso todo hombre puede dejar a su juicio aceptar dirigir sus acciones de acuerdo al deseo del profeta; en el segundo ejemplo no debe ser escuchado” (Virtud Heroica, III, 192).

También es importante que aquellos que tienen que enseñar y dirigir a otros deben tener reglas para su guía para permitirles distinguir los profetas falsos de los verdaderos. Puede ser útil un sumario de aquellas reglas prescritas por los teólogos para nuestra guía para mostrar prácticamente como debe aplicarse la doctrina a las almas devotas para salvarlas de los errores o alucinaciones diabólicas:

El receptor del Don de la profecía deberá, por regla general, ser virtuoso y de mérito, ya que todos los autores místicos concuerdan que en mayor medida Dios concede este Don a los individuos santos. Debe considerarse asimismo el temperamento y disposición del individuo así como su estado de salud física y mental;

La profecía debe ser de acuerdo a la verdad y piedad Cristiana, puesto que si propone cualquier cosa contra la fe o la moral no puede proceder del Espíritu de Verdad;

La predicción debe involucrar objetos fuera del alcance del conocimiento natural y debe tener como objetivo sucesos eventuales futuros o aquellos sucesos que solo Dios conoce;

También deberá implicar sucesos de naturaleza grave e importante, que sean de bien para la Iglesia o el bien de las almas. Ésta y la regla anterior ayudará a distinguir las profecías verdaderas de las pueriles, sin sentido e inútiles de adivinadores de la suerte, lectores de bolas de cristal, espiritistas y charlatanes. Estos pueden mencionar sucesos mas allá del conocimiento humano, pero al alcance del conocimiento de demonios, pero no aquellos sucesos que estrictamente hablando son el objeto de profecía;

Las profecías o revelaciones que dan a conocer los pecados de otros, o que anuncien la condenación o predestinación de almas deben ser objeto de duda. Deben siempre considerarse siempre con profundo respeto tres secretos especiales de Dios que muy raramente se han revelado: el estado de conciencia en esta vida, el estado de las almas después de la muerte a menos que hayan sido canonizadas por la Iglesia, y el misterio de la predestinación. El secreto de la predestinación solo ha sido revelado en casos excepcionales, pero el de condenación jamás lo ha sido, puesto que en tanto el alma permanezca en esta vida, es posible la salvación. También el Día del Juicio Final es un secreto que no ha sido revelado nunca;
Debemos asegurarnos posteriormente si la profecía ha sido cumplida de acuerdo como se predijo. Existen limitaciones a esta regla: (1) si la profecía no fue absoluta sino que solo contiene conminaciones y esta atemperada por condiciones expresas o sobreentendidas como se ejemplifica en la profecía de Jonás a lo Ninivitas y la Isaías al rey Ezequías; (2) en ocasiones puede suceder que la profecía viene de Dios y su interpretación por los hombres es falsa ya que el hombre puede interpretarla de manera diferente a su intención.
Es por estas limitaciones que nos explicamos la profecía de San Bernardo respecto al éxito de la segunda cruzada y la de San Vicente Ferrer acerca de la proximidad del Juicio Final en su tiempo. Continuara....

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